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« en: Febrero 16, 2005, 18:24:52 » |
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13/10/2004 El espacio dedicado a la práctica del esquí en el Pirineo aragonés representa sólo el 0,32% de su superficie total. Así lo asegura un estudio realizado para la empresa Aramón, que gestiona las estaciones de Formigal, Cerler, Panticosa (las tres en la cordillera pirenaica), Valdelinares y Javalambre (en Teruel).
El informe establece que el Pirineo aragonés ocupa una superficie de 10.596 kilómetros cuadrados, mientras que los cinco centros de esquí ubicados en la cordillera suman 34,549. La estación más extensa es Cerler, con 11,079 km2, seguida de Formigal, con 9,139. Las otras tres se sitúan a más distancia, puesto que Astún ocupa 5,762 km2, Panticosa 4,441 y Candanchú 4,126.
Los autores del informe han establecido una altitud superior a 800 metros para definir el concepto de montaña. La cifra y el concepto altitudinal no están tomados aleatoriamente, sino que se han escogido por ser los criterios más aceptados para elaborar documentos de planificación, como la Directiva europea sobre Zonas de Montaña y Desfavorecidas o los trabajos del Acuerdo de Cooperación entre España y Francia en materia de Ordenación del Territorio en 1985 (conocido como Acuerdo MOPU-DATAR).
Existen otros criterios para definir una zona como integrante de la montaña. El estudio resalta que los utilizados habitualmente en Francia optan por marcar como territorio montañoso los superiores a 600 metros, por lo que, de haberse decantado por esa opción, la superficie del Pirineo aragonés aún hubiera resultado mayor y, por lógica, el porcentaje ocupado por el dominio esquiable todavía menor.
Por su parte, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas también define como territorios de montaña aquellos en los que el 80 por ciento de su superficie se halla por encima de los 800 metros de altitud, o cuyo desnivel altimétrico sea superior a los 600 metros.
Dificultades con la nieve En otro apartado del estudio encargado por Aramón se remarcan las diferencias geográficas entre el Pirineo y los Alpes y la repercusión que tienen sobre la posibilidad de desarrollar proyectos turístico-deportivos. El informe destaca que el sector del esquí "requiere fuertes inversiones en innovación tecnológica e infraestructuras como respuesta a una manifiesta disminución generalizada de las precipitaciones en forma de nieve a nivel mundial".
El estudio, en este caso, no viene más que a apuntalar lo imprescindible de la innivación artificial para poder garantizar la práctica deportiva invernal en los Pirineos ante el descenso de las nevadas. Ése es uno de los principales escollos para presentar una oferta con la calidad suficiente para competir en el mercado de la nieve europeo, donde los Alpes cuentan con la ventaja de mejores condiciones naturales.
Comparando parámetros topográficos y meteorológicos, la cordillera alpina gana siempre a la pirenaica en facilidades para que exista una situación propicia para el esquí. Así, los Alpes son más extensos (260.590 kilómetros cuadrados por 55.374) y tienen una altitud media más elevada (1.387 metros por 1.070). A ello hay que añadir que la precipitación nívea media es superior en los Alpes (668 litros por metro cuadrado a 2.000 metros entre diciembre y mayo frente a los 491 de los Pirineos) y que poseen una línea nívea (límite inferior de las nieves perpetuas) mucho más baja (2.300 metros por 3.300).
Fuente: Heraldo.es
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